Nace el primer avión no tripulado solar que funcionará como un satélite

El año próximo se llevará a cabo el primer vuelo de un avión solar no tripulado que podrá estar hasta cinco años sin aterrizar, llevando a cabo labores realizadas ahora por satélites, aunque con un coste considerablemente menor. El ingenio, denominado Solara 50, es un prototipo desarrollado por la empresa norteamericana Titan Aerospace.

La propuesta le da una utilización comercial a la tecnología solar aplicada a la aviación, que hasta ahora asistía con entusiasmo a los vuelos que ha realizado en Europa y en Estados Unidos el avión Solar Impulse, aunque en este caso se trata de un modelo tripulado. La duración más larga de su vuelo fue de algo más de 26 horas y ha llegado a recorrer sin escalas un trayecto de 1.540 kilómetros.

Por su parte, el dron diseñado por Titan tiene un diseño bastante simplificado y está recubierto por unas 3.000 células fotovoltaicas -distribuidas tanto en los 50 metro de longitud que tienen su alas como en la cola-, capaces de generar hasta 7 kilovatios de potencia, lo que le permite transportar una carga de algo más de treinta kilos, cantidad que se espera elevar a más de 110 kilos con el modelo Solara 60, la siguiente generación del prototipo también en desarrollo.

La energía conseguida servirá para realimentar las baterías de litio que lleva a bordo para hacer funcionar su único motor eficiente durante la noche y suministrar unos cien vatios de potencia a los equipos de a bordo.

De esta forma, el Solara 50 se podrá mantener su vuelo durante largos periodos a una altitud de entre 60.000-70.000 pies (entre 18.000 y 21.000 metros), en una zona donde los vientos son bastante suaves, por debajo de 10 km/h, lo que permite que pueda desarrollar tareas similares a las de los satélites.

Servicio versátil

De hecho, sus promotores afirman que el Solara 50 podrá funcionar tanto como un satélite  atmosférico como de observación terrestre o incluso como un repetidor de comunicaciones, aunque en este caso su radio de cobertura sería de unos 30 kilómetros, suficiente para zonas urbanas concretas. Varios  de estos aviones podrían usarse para tender una auténtica red de comunicaciones en zonas aisladas o emplearse para actuar con rapidez en caso de un desastre natural.

La gran ventaja es el precio. El Solara 50 exige una menor inversión que cualquier costoso satélite y requiere un menor plazo para ser operativo. En el caso de usarse para obtener fotos terrestres de alta resolución, se calcula que costaría siete veces menor por kilómetros cuadrado que un satélite dedicado en exclusiva a tales menesteres.

Por el momento, la empresa afirma que ya tiene clientes para los tres primeros drones, el primer de los cuales  se podrá utilizar a partir del próximo mes de febrero, según constata la publicación especializada Ars Technica.

Tras ser lanzado desde algún tipo de  elemento que sirva de catapulta, el dron puede volver a aterrizar deslizándose, cuando así se requiera, sobre el revestimiento de kevlar que cubre su parte inferior. Esta capacidad de recuperación también será una ventaja competitiva cuando algunos de los equipos instalados sufran algún tipo de avería o desperfecto.

Habrá que esperar, sin embargo, a que se realicen los vuelos de prueba, ya que anteriores experimentos acabaron siendo un desastre, como el Global Observer de Aero Vironment, que se estrelló hace dos años, mientras que el Phantom Eye, otro dron desarrollado por Boeing, apenas ha llegado a volar durante un par de horas.

El Solara 50 tiene ante sí el reto de convertirse en la gran esperanza comercial de la industria aeronáutica y de las energías alternativas para hacer más asequibles las funciones que ahora proporcionan desde las alturas los costosos satélites en órbita.

Articulo extraído de: http://www.zoomnews.es